Tu Clínica mental

Contáctanos

Blog

Tu cuerpo te lo dice antes que tu cabeza: el idioma de las emociones que dejamos de escuchar

Hasta aquí ya vimos que el cuerpo es el primer mensajero y que huir de las emociones no funciona. Toca la parte difícil: ¿cómo se hace, en concreto, eso de “sentir lo que sientes”?

 

Porque la mayoría de personas se mueve entre dos extremos: o reprimen todo, o se desbordan. Y el punto que sana no está en ninguno de los dos.

 

Ni cerrado ni inundado: el punto medio

 

Hay un espacio donde una emoción puede ser sentida sin que te arrastre. Donde lloras pero sabes que no te vas a deshacer. Donde sientes miedo pero puedes pensar. Donde te enojas sin gritar ni callarte.

 

Ese espacio existe. No es un don. Se entrena.

 

Cuatro pasos para quedarte con una emoción difícil

 

1. Aterriza el cuerpo primero.

Pies en el piso, respiración un poco más larga al exhalar, mirada en un punto fijo. No estás haciendo yoga. Estás avisándole a tu sistema nervioso que estás a salvo. Sin esto, lo demás no funciona.

 

2. Localiza dónde lo sientes.

No “estoy ansioso”. Mejor: “siento opresión en el pecho”, “tengo un nudo en la garganta”, “siento un peso en el estómago”. El cuerpo te da coordenadas.

 

3. Quédate con curiosidad, no con prisa.

La mayoría queremos que la emoción se vaya rápido. Y por eso se queda. Pruébate la frase: *”esto está aquí, voy a dejar que esté un rato”*. No tienes que entenderlo. Solo acompañarlo.

4. Deja que se exprese de alguna forma.

Llorar, escribir, hablar con alguien de confianza, moverte, respirar fuerte. Una emoción necesita salir por algún lado para terminar su ciclo. Si la atrapas, se queda dando vueltas.

 

#Cuándo conviene parar

Quedarte con una emoción no significa torturarte. Si en algún momento sientes que te desborda, da un paso atrás:

 

– Cambia de postura, lávate la cara con agua fría, sal a caminar.

– Llama a alguien.

– Pospón la exploración para otro momento (no la cancelas, la pausas).

 

Sentir no es valiente cuando te lastima. Es valiente cuando te enseña.

Una idea que vale la pena recordar

 

Las emociones no son enemigas que vienen a vencerte. Son señales que vienen a informarte. No vienen a quedarse para siempre; vienen a ser escuchadas.

Cuando aprendes a quedarte con ellas, descubres algo curioso: duran menos de lo que temías.

Juntos, podemos trabajar para fortalecer tu mente y alcanzar una mayor satisfacción en tu vida diaria.

Accesos directos

Suscríbete ahora

¡No se pierda nuestras futuras actualizaciones! Suscríbase hoy mismo

Blog

Tu cuerpo te lo dice antes que tu cabeza: el idioma de las emociones que dejamos de escuchar

Hasta aquí ya vimos que el cuerpo es el primer mensajero y que huir de las emociones no funciona. Toca la parte difícil: ¿cómo se hace, en concreto, eso de “sentir lo que sientes”?

 

Porque la mayoría de personas se mueve entre dos extremos: o reprimen todo, o se desbordan. Y el punto que sana no está en ninguno de los dos.

 

Ni cerrado ni inundado: el punto medio

 

Hay un espacio donde una emoción puede ser sentida sin que te arrastre. Donde lloras pero sabes que no te vas a deshacer. Donde sientes miedo pero puedes pensar. Donde te enojas sin gritar ni callarte.

 

Ese espacio existe. No es un don. Se entrena.

 

Cuatro pasos para quedarte con una emoción difícil

 

1. Aterriza el cuerpo primero.

Pies en el piso, respiración un poco más larga al exhalar, mirada en un punto fijo. No estás haciendo yoga. Estás avisándole a tu sistema nervioso que estás a salvo. Sin esto, lo demás no funciona.

 

2. Localiza dónde lo sientes.

No “estoy ansioso”. Mejor: “siento opresión en el pecho”, “tengo un nudo en la garganta”, “siento un peso en el estómago”. El cuerpo te da coordenadas.

 

3. Quédate con curiosidad, no con prisa.

La mayoría queremos que la emoción se vaya rápido. Y por eso se queda. Pruébate la frase: *”esto está aquí, voy a dejar que esté un rato”*. No tienes que entenderlo. Solo acompañarlo.

4. Deja que se exprese de alguna forma.

Llorar, escribir, hablar con alguien de confianza, moverte, respirar fuerte. Una emoción necesita salir por algún lado para terminar su ciclo. Si la atrapas, se queda dando vueltas.

 

#Cuándo conviene parar

Quedarte con una emoción no significa torturarte. Si en algún momento sientes que te desborda, da un paso atrás:

 

– Cambia de postura, lávate la cara con agua fría, sal a caminar.

– Llama a alguien.

– Pospón la exploración para otro momento (no la cancelas, la pausas).

 

Sentir no es valiente cuando te lastima. Es valiente cuando te enseña.

Una idea que vale la pena recordar

 

Las emociones no son enemigas que vienen a vencerte. Son señales que vienen a informarte. No vienen a quedarse para siempre; vienen a ser escuchadas.

Cuando aprendes a quedarte con ellas, descubres algo curioso: duran menos de lo que temías.

Juntos, podemos trabajar para fortalecer tu mente y alcanzar una mayor satisfacción en tu vida diaria.

Accesos directos

Suscríbete ahora

¡No se pierda nuestras futuras actualizaciones! Suscríbase hoy mismo