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Tu Clínica mental

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Lo que el fútbol no te enseñó sobre tu mente

México quedó fuera. Y a muchos nos dolió más de lo que esperábamos. 


¿Por qué nos afecta tanto perder algo en lo que ni siquiera jugamos?

 

Fue un domingo en la noche y de repente había dos tipos de personas en México: los que estaban viendo el partido y los que estaban checando el marcador cada cinco minutos fingiendo que no les importaba.
Inglaterra ganó. México quedó fuera.


Y pasó algo curioso: millones de personas que no conocen a ningún jugador, que no estuvieron en el estadio, que no cobran un peso por el resultado… sintieron algo muy parecido al duelo.


¿Por qué duele tanto perder algo que técnicamente no era tuyo?

 

Porque tu cerebro no distingue entre “yo perdí” y “perdimos”
Cuando te identificas profundamente con algo —un equipo, un proyecto, una relación, una versión de ti mismo— tu cerebro lo registra como parte de ti.Así que cuando eso falla, el golpe es real. No es exageración. No es drama. Es tu sistema nervioso procesando una pérdida genuina.
El problema no es sentirlo. El problema es lo que hacemos después.

 

Hay dos formas de procesar una derrota


La primera: atacar. Al equipo, al árbitro, al técnico, a la mala suerte, a uno mismo. Quedarse dando vueltas en el “¿por qué pasó?” sin llegar a ninguna parte. Eso se llama rumiación, y es agotador.


La segunda: sentirlo, procesarlo y soltar. No porque no importe, sino porque quedarte atrapado en lo que ya no puedes cambiar tiene un costo altísimo.
Y esto no aplica solo al fútbol.

 

La pregunta que incomoda


¿Cuántas “eliminaciones” traes cargando en este momento?
El proyecto que no salió como querías. La conversación que quedó mal. El error del trabajo que sigues repasando tres días después. La persona que esperabas que fuera diferente.
Todos llevamos derrotas sin procesar. Y la mayoría de nosotros nunca nos enseñaron a hacerlo bien.

 

Para cerrar


México perdió. Duele. Y está bien que duela.
Pero hay una diferencia enorme entre sentir el dolor de una pérdida y quedarte viviendo dentro de él.


La pregunta no es si vas a perder. La pregunta es qué haces tú con eso después.
Y eso es exactamente lo que exploramos en el siguiente blog.

Juntos, podemos trabajar para fortalecer tu mente y alcanzar una mayor satisfacción en tu vida diaria.

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Lo que el fútbol no te enseñó sobre tu mente

México quedó fuera. Y a muchos nos dolió más de lo que esperábamos. 


¿Por qué nos afecta tanto perder algo en lo que ni siquiera jugamos?

 

Fue un domingo en la noche y de repente había dos tipos de personas en México: los que estaban viendo el partido y los que estaban checando el marcador cada cinco minutos fingiendo que no les importaba.
Inglaterra ganó. México quedó fuera.


Y pasó algo curioso: millones de personas que no conocen a ningún jugador, que no estuvieron en el estadio, que no cobran un peso por el resultado… sintieron algo muy parecido al duelo.


¿Por qué duele tanto perder algo que técnicamente no era tuyo?

 

Porque tu cerebro no distingue entre “yo perdí” y “perdimos”
Cuando te identificas profundamente con algo —un equipo, un proyecto, una relación, una versión de ti mismo— tu cerebro lo registra como parte de ti.Así que cuando eso falla, el golpe es real. No es exageración. No es drama. Es tu sistema nervioso procesando una pérdida genuina.
El problema no es sentirlo. El problema es lo que hacemos después.

 

Hay dos formas de procesar una derrota


La primera: atacar. Al equipo, al árbitro, al técnico, a la mala suerte, a uno mismo. Quedarse dando vueltas en el “¿por qué pasó?” sin llegar a ninguna parte. Eso se llama rumiación, y es agotador.


La segunda: sentirlo, procesarlo y soltar. No porque no importe, sino porque quedarte atrapado en lo que ya no puedes cambiar tiene un costo altísimo.
Y esto no aplica solo al fútbol.

 

La pregunta que incomoda


¿Cuántas “eliminaciones” traes cargando en este momento?
El proyecto que no salió como querías. La conversación que quedó mal. El error del trabajo que sigues repasando tres días después. La persona que esperabas que fuera diferente.
Todos llevamos derrotas sin procesar. Y la mayoría de nosotros nunca nos enseñaron a hacerlo bien.

 

Para cerrar


México perdió. Duele. Y está bien que duela.
Pero hay una diferencia enorme entre sentir el dolor de una pérdida y quedarte viviendo dentro de él.


La pregunta no es si vas a perder. La pregunta es qué haces tú con eso después.
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