
Se la hago a mis pacientes. Hoy te la hago a ti. Un terapeuta llamado Steve de Shazer se topó, hace ya varias décadas, con una...
Vivimos en una cultura que nos empuja a sentirnos bien todo el tiempo. Nos dice que si duele, hay que evitarlo. Que si estamos tristes, tenemos que distraernos. Que si hay vacío, hay que llenarlo rápido. Pero esta lógica de “evita el malestar a toda costa” nos lleva a caer en una trampa silenciosa: la evitación emocional.
El problema no es el dolor en sí, sino lo que hacemos para no sentirlo. Y en esa huida, muchos terminamos atrapados en conductas que a corto plazo calman, pero a largo plazo destruyen:
El dolor no desaparece, solo se acumula y se expresa con más fuerza después (ansiedad, ataques de pánico, irritabilidad, insomnio).
Aceptar no es rendirse. Es reconocer lo que ya está ahí, dejar de pelear con la realidad y tomar decisiones desde la conciencia.
Tips para empezar a aceptar en lugar de evitar:
Reconoce tu escape. ¿Qué haces cuando no quieres sentirte mal? ¿Cómo te anestesias?
Nómbralo con honestidad. “Me siento solo”, “me duele el rechazo”, “me da miedo fracasar”.
Permanece un momento en el malestar. Obsérvalo. No lo corras. Respira dentro de él. Vas a notar que no es tan insoportable como pensabas.
Date permiso de sentir sin juicio. No tienes que “arreglarte” rápido. A veces solo necesitas acompañarte.
Busca apoyo profesional. Aceptar el dolor profundo a veces requiere guía. No tienes que hacerlo solo.
Aceptar el dolor no lo hace desaparecer mágicamente, pero sí evita que tome el control de tu vida desde las sombras. Lo que aceptas, lo transformas. Lo que niegas, te controla.

Se la hago a mis pacientes. Hoy te la hago a ti. Un terapeuta llamado Steve de Shazer se topó, hace ya varias décadas, con una...

Toda una industria vive de convencerte de lo contrario. Hay un mensaje que te repiten desde todas partes.

Toda una industria vive de convencerte de lo contrario. Hay un mensaje que te repiten desde todas partes.

Haz un ejercicio rápido.Piensa en tus relaciones importantes: parejas, amistades cercanas, familia, trabajo. Y ahora busca lo que se repite.

Cambias de pareja, de trabajo, de ciudad. Y terminas exactamente en el mismo lugar. Cambiaste de trabajo porque el jefe era insoportable. En el nuevo, a...

Cambias de pareja, de trabajo, de ciudad. Y terminas exactamente en el mismo lugar. Cambiaste de trabajo porque el jefe era insoportable. En el nuevo, a...

Antes del penalti definitivo, el jugador lo sabe. Sabe que si mete el gol, nadie lo va a recordar mañana. Pero si lo falla, lo van...

Antes del penalti definitivo, el jugador lo sabe. Sabe que si mete el gol, nadie lo va a recordar mañana. Pero si lo falla, lo van...

México quedó fuera. Y a muchos nos dolió más de lo que esperábamos. ¿Por qué nos afecta tanto perder algo en lo que ni siquiera jugamos?
¡No se pierda nuestras futuras actualizaciones! Suscríbase hoy mismo
© Derechos reservado tu clínica mental
Vivimos en una cultura que nos empuja a sentirnos bien todo el tiempo. Nos dice que si duele, hay que evitarlo. Que si estamos tristes, tenemos que distraernos. Que si hay vacío, hay que llenarlo rápido. Pero esta lógica de “evita el malestar a toda costa” nos lleva a caer en una trampa silenciosa: la evitación emocional.
El problema no es el dolor en sí, sino lo que hacemos para no sentirlo. Y en esa huida, muchos terminamos atrapados en conductas que a corto plazo calman, pero a largo plazo destruyen:
El dolor no desaparece, solo se acumula y se expresa con más fuerza después (ansiedad, ataques de pánico, irritabilidad, insomnio).
Aceptar no es rendirse. Es reconocer lo que ya está ahí, dejar de pelear con la realidad y tomar decisiones desde la conciencia.
Tips para empezar a aceptar en lugar de evitar:
Reconoce tu escape. ¿Qué haces cuando no quieres sentirte mal? ¿Cómo te anestesias?
Nómbralo con honestidad. “Me siento solo”, “me duele el rechazo”, “me da miedo fracasar”.
Permanece un momento en el malestar. Obsérvalo. No lo corras. Respira dentro de él. Vas a notar que no es tan insoportable como pensabas.
Date permiso de sentir sin juicio. No tienes que “arreglarte” rápido. A veces solo necesitas acompañarte.
Busca apoyo profesional. Aceptar el dolor profundo a veces requiere guía. No tienes que hacerlo solo.
Aceptar el dolor no lo hace desaparecer mágicamente, pero sí evita que tome el control de tu vida desde las sombras. Lo que aceptas, lo transformas. Lo que niegas, te controla.

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