
Se la hago a mis pacientes. Hoy te la hago a ti. Un terapeuta llamado Steve de Shazer se topó, hace ya varias décadas, con una...
Probablemente conoces bien este ciclo: llega fin de año, haces listas, te llenas de propósitos, sientes motivación… y a las pocas semanas, la vida se parece mucho a la del año anterior.
María estaba cansada de esa sensación de fracaso. No era que no quisiera cambiar; era que sentía que algo en ella “no daba la talla”. Ese año se hizo una pregunta diferente: ¿y si el problema no es que me falte fuerza de voluntad, sino que estoy intentando cambiar demasiado y de golpe?
En vez de apuntar a “reordenar su vida entera”, eligió una regla muy concreta: no quedarse donde ya se sentía mal. No es una meta glamorosa, pero es profundamente práctica.
Entonces empezó a practicarla en cosas pequeñas, parecidas a las que quizá tú vives: decir que no a una invitación que no quería aceptar, dejar un mensaje sin responder cuando estaba agotada en lugar de obligarse por compromiso, irse antes de una reunión cuando notaba que ya había cruzado su límite.
No fue fácil. La mente respondió, como probablemente responde la tuya: “estás exagerando”, “eres egoísta”, “así no te va a querer nadie”. Esa incomodidad no era señal de que lo estaba haciendo mal; era señal de que estaba saliéndose del patrón de siempre.
Con el tiempo, empezó a notar cambios nada espectaculares pero muy reales: menos tensión en el cuerpo, menos cansancio mental, un poco más de sensación de control sobre su propia agenda. Y ahí entendió algo clave: el año nuevo por sí mismo no cambia nada; lo que cambia algo son esas pequeñas conductas repetidas muchas veces a lo largo del año.
Si cada diciembre te prometes mucho y te cumples poco, quizá no te falta voluntad. Quizá solo necesitas una regla sencilla, aplicable, incómoda pero concreta, que puedas practicar en tu día a día, no solo en tu lista de propósitos.

Se la hago a mis pacientes. Hoy te la hago a ti. Un terapeuta llamado Steve de Shazer se topó, hace ya varias décadas, con una...

Toda una industria vive de convencerte de lo contrario. Hay un mensaje que te repiten desde todas partes.

Toda una industria vive de convencerte de lo contrario. Hay un mensaje que te repiten desde todas partes.

Haz un ejercicio rápido.Piensa en tus relaciones importantes: parejas, amistades cercanas, familia, trabajo. Y ahora busca lo que se repite.

Cambias de pareja, de trabajo, de ciudad. Y terminas exactamente en el mismo lugar. Cambiaste de trabajo porque el jefe era insoportable. En el nuevo, a...

Cambias de pareja, de trabajo, de ciudad. Y terminas exactamente en el mismo lugar. Cambiaste de trabajo porque el jefe era insoportable. En el nuevo, a...

Antes del penalti definitivo, el jugador lo sabe. Sabe que si mete el gol, nadie lo va a recordar mañana. Pero si lo falla, lo van...

Antes del penalti definitivo, el jugador lo sabe. Sabe que si mete el gol, nadie lo va a recordar mañana. Pero si lo falla, lo van...

México quedó fuera. Y a muchos nos dolió más de lo que esperábamos. ¿Por qué nos afecta tanto perder algo en lo que ni siquiera jugamos?
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© Derechos reservado tu clínica mental
Probablemente conoces bien este ciclo: llega fin de año, haces listas, te llenas de propósitos, sientes motivación… y a las pocas semanas, la vida se parece mucho a la del año anterior.
María estaba cansada de esa sensación de fracaso. No era que no quisiera cambiar; era que sentía que algo en ella “no daba la talla”. Ese año se hizo una pregunta diferente: ¿y si el problema no es que me falte fuerza de voluntad, sino que estoy intentando cambiar demasiado y de golpe?
En vez de apuntar a “reordenar su vida entera”, eligió una regla muy concreta: no quedarse donde ya se sentía mal. No es una meta glamorosa, pero es profundamente práctica.
Entonces empezó a practicarla en cosas pequeñas, parecidas a las que quizá tú vives: decir que no a una invitación que no quería aceptar, dejar un mensaje sin responder cuando estaba agotada en lugar de obligarse por compromiso, irse antes de una reunión cuando notaba que ya había cruzado su límite.
No fue fácil. La mente respondió, como probablemente responde la tuya: “estás exagerando”, “eres egoísta”, “así no te va a querer nadie”. Esa incomodidad no era señal de que lo estaba haciendo mal; era señal de que estaba saliéndose del patrón de siempre.
Con el tiempo, empezó a notar cambios nada espectaculares pero muy reales: menos tensión en el cuerpo, menos cansancio mental, un poco más de sensación de control sobre su propia agenda. Y ahí entendió algo clave: el año nuevo por sí mismo no cambia nada; lo que cambia algo son esas pequeñas conductas repetidas muchas veces a lo largo del año.
Si cada diciembre te prometes mucho y te cumples poco, quizá no te falta voluntad. Quizá solo necesitas una regla sencilla, aplicable, incómoda pero concreta, que puedas practicar en tu día a día, no solo en tu lista de propósitos.

Se la hago a mis pacientes. Hoy te la hago a ti. Un terapeuta llamado Steve de Shazer se topó, hace ya varias décadas, con una...

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Toda una industria vive de convencerte de lo contrario. Hay un mensaje que te repiten desde todas partes.

Haz un ejercicio rápido.Piensa en tus relaciones importantes: parejas, amistades cercanas, familia, trabajo. Y ahora busca lo que se repite.

Cambias de pareja, de trabajo, de ciudad. Y terminas exactamente en el mismo lugar. Cambiaste de trabajo porque el jefe era insoportable. En el nuevo, a...

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México quedó fuera. Y a muchos nos dolió más de lo que esperábamos. ¿Por qué nos afecta tanto perder algo en lo que ni siquiera jugamos?
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