
Llegamos al cierre de esta serie sobre necesidades emocionales. Hemos hablado de qué son, cómo identificarlas y qué huellas dejan cuando se quedan sin respuesta. Toca...
Puede que a ti también te pase: llega diciembre y ya sabes más o menos cómo va a terminar todo. No necesitas que ocurra nada todavía; con solo pensar en la cena, las reuniones y los comentarios de siempre, el cuerpo se te adelanta.
Imagina que entras a una glorieta. Das una vuelta. Luego otra. El coche se mueve, el motor sigue encendido, pero no sales. No llegas a ningún lugar distinto. Así se sentía María cada Navidad.
María no odiaba a su familia ni tenía una historia “dramática”. Desde fuera, todo sonaba razonable: reuniones, comida, chistes, tradición. Pero año tras año terminaba ocupando el mismo papel: la que escucha, la que entiende, la que se adapta para que todo funcione. Nadie se lo exigía de frente, pero de alguna forma siempre acababa ahí, sosteniendo la atmósfera.
Ese año, María no decidió “poner a todos en su lugar”. Decidió algo más simple y, a la vez, más difícil: observarse. Entró a la cena con la intención de mirarse a sí misma casi como si viera una serie.
Empezó a notar cosas que quizás tú también reconoces: cómo el cuerpo se tensa cuando aparece cierto tema, cómo la sonrisa automática tapa la incomodidad, cómo llegan las ganas de levantarse e irse, pero una parte se queda “porque así toca”.
Esa noche no hizo cambios externos. No hubo discurso ni confrontación. Pero dejó de estar en piloto automático. Y ahí vino el insight: la Navidad no le dolía por la fecha ni por la gente, sino por seguir entrando a la misma glorieta emocional esperando que algo cambiara sin tomar ninguna salida.
Si sientes que tú también das vueltas en la misma glorieta año tras año, el primer paso no siempre es “hacer algo grande”. A veces el primer paso real es mirarte con honestidad y reconocer en qué punto exacto del recorrido te sigues quedando.

Llegamos al cierre de esta serie sobre necesidades emocionales. Hemos hablado de qué son, cómo identificarlas y qué huellas dejan cuando se quedan sin respuesta. Toca...

Llegamos al cierre de esta serie sobre necesidades emocionales. Hemos hablado de qué son, cómo identificarlas y qué huellas dejan cuando se quedan sin respuesta. Toca...

Llegamos al cierre de esta serie sobre necesidades emocionales. Hemos hablado de qué son, cómo identificarlas y qué huellas dejan cuando se quedan sin respuesta. Toca...

Hasta aquí hemos hablado de qué son las necesidades emocionales y cómo identificarlas en el día a día. Pero hay una pregunta que muchos nos hacemos...

A todos nos enseñaron a reconocer cuando tenemos hambre, sueño o frío. Nos pasaron una lista clara: si te duele, descansa; si tienes sed, toma agua;...

A todos nos enseñaron a reconocer cuando tenemos hambre, sueño o frío. Nos pasaron una lista clara: si te duele, descansa; si tienes sed, toma agua;...

Muchas personas viven esperando el momento en que por fin todo encaje. Cuando ya no haya dudas. Cuando ya no duela. Cuando todo sea claro. Cuando...

Nos vendieron la idea de que ser libre siempre se siente increíble. Pero la verdad es que no siempre. A veces la libertad da miedo.

No siempre uno se pierde de golpe. A veces se va dejando al final poco a poco. Empieza cuando te vuelves experto en no incomodar. En...
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© Derechos reservado tu clínica mental
Puede que a ti también te pase: llega diciembre y ya sabes más o menos cómo va a terminar todo. No necesitas que ocurra nada todavía; con solo pensar en la cena, las reuniones y los comentarios de siempre, el cuerpo se te adelanta.
Imagina que entras a una glorieta. Das una vuelta. Luego otra. El coche se mueve, el motor sigue encendido, pero no sales. No llegas a ningún lugar distinto. Así se sentía María cada Navidad.
María no odiaba a su familia ni tenía una historia “dramática”. Desde fuera, todo sonaba razonable: reuniones, comida, chistes, tradición. Pero año tras año terminaba ocupando el mismo papel: la que escucha, la que entiende, la que se adapta para que todo funcione. Nadie se lo exigía de frente, pero de alguna forma siempre acababa ahí, sosteniendo la atmósfera.
Ese año, María no decidió “poner a todos en su lugar”. Decidió algo más simple y, a la vez, más difícil: observarse. Entró a la cena con la intención de mirarse a sí misma casi como si viera una serie.
Empezó a notar cosas que quizás tú también reconoces: cómo el cuerpo se tensa cuando aparece cierto tema, cómo la sonrisa automática tapa la incomodidad, cómo llegan las ganas de levantarse e irse, pero una parte se queda “porque así toca”.
Esa noche no hizo cambios externos. No hubo discurso ni confrontación. Pero dejó de estar en piloto automático. Y ahí vino el insight: la Navidad no le dolía por la fecha ni por la gente, sino por seguir entrando a la misma glorieta emocional esperando que algo cambiara sin tomar ninguna salida.
Si sientes que tú también das vueltas en la misma glorieta año tras año, el primer paso no siempre es “hacer algo grande”. A veces el primer paso real es mirarte con honestidad y reconocer en qué punto exacto del recorrido te sigues quedando.

Llegamos al cierre de esta serie sobre necesidades emocionales. Hemos hablado de qué son, cómo identificarlas y qué huellas dejan cuando se quedan sin respuesta. Toca...

Llegamos al cierre de esta serie sobre necesidades emocionales. Hemos hablado de qué son, cómo identificarlas y qué huellas dejan cuando se quedan sin respuesta. Toca...

Llegamos al cierre de esta serie sobre necesidades emocionales. Hemos hablado de qué son, cómo identificarlas y qué huellas dejan cuando se quedan sin respuesta. Toca...

Hasta aquí hemos hablado de qué son las necesidades emocionales y cómo identificarlas en el día a día. Pero hay una pregunta que muchos nos hacemos...

A todos nos enseñaron a reconocer cuando tenemos hambre, sueño o frío. Nos pasaron una lista clara: si te duele, descansa; si tienes sed, toma agua;...

A todos nos enseñaron a reconocer cuando tenemos hambre, sueño o frío. Nos pasaron una lista clara: si te duele, descansa; si tienes sed, toma agua;...

Muchas personas viven esperando el momento en que por fin todo encaje. Cuando ya no haya dudas. Cuando ya no duela. Cuando todo sea claro. Cuando...

Nos vendieron la idea de que ser libre siempre se siente increíble. Pero la verdad es que no siempre. A veces la libertad da miedo.

No siempre uno se pierde de golpe. A veces se va dejando al final poco a poco. Empieza cuando te vuelves experto en no incomodar. En...
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