
Lo sabes: te duele, te desgasta, te cambia. Pero cuando está “bien”… te vuelves a enganchar. Y vuelves. Y vuelves.
Las emociones tienen una función primordial: nuestra supervivencia. En momentos como el que estamos viviendo en Culiacán, Sinaloa, donde la violencia y la muerte parecen omnipresentes, nuestro cuerpo emocional reacciona con miedo. Este miedo surge ante la incertidumbre y la sensación de peligro, activando nuestro sistema de alerta. Es normal sentir miedo, ya que su función es protegernos, pero, ¿cómo podemos manejarlo sin dejarnos abrumar por él?
Lo primero que debemos hacer es entender que el miedo no es nuestro enemigo; al contrario, está ahí para ayudarnos a tomar decisiones conscientes y prudentes. En situaciones de violencia, lo más sabio que podemos hacer es seguir las recomendaciones de las autoridades: quedarnos en casa y evitar salir hasta que fuentes confiables nos aseguren que es seguro hacerlo. Esta es la mejor manera de salvaguardar nuestra vida y la de nuestros seres queridos.
Sin embargo, una de las grandes dificultades a las que nos enfrentamos emocionalmente en estos tiempos es la necesidad de hacer algo para sentirnos mejor. El miedo nos impulsa a buscar respuestas y certezas, pero lo que suele suceder es que terminamos revisando sin cesar redes sociales y grupos de WhatsApp, lo cual solo agrava nuestra ansiedad. Este ciclo de estímulos negativos contrarresta lo que el miedo realmente nos está pidiendo: tomar acción para sentirnos seguros.
Cuando nos dejamos llevar por la sobreexposición a noticias violentas y videos alarmantes, entramos en lo que se llama “visión de túnel”. En este estado, nuestra atención se fija únicamente en aquello que alimenta nuestro miedo, y comenzamos a ver peligro en todas partes. Por ejemplo, al salir a la calle, cualquier vehículo que se asemeje a los que hemos visto en los videos, o incluso personas con características comunes como una gorra negra, puede hacernos sentir sobreactivados, desencadenando más angustia.
Por eso, una de las medidas más efectivas para calmar nuestra mente es reducir la exposición a noticias y videos que no aporten información útil. Solo debemos consultar fuentes confiables cuando sea absolutamente necesario, como para saber por dónde es seguro transitar. Además, es importante proteger a nuestros niños de estas imágenes, ya que, si para nosotros es difícil procesarlas, para ellos lo es aún más. Recordemos que los más pequeños son especialmente vulnerables a los efectos de la violencia.
Manejar esta situación emocionalmente está en nuestras manos. Cada uno de nosotros puede tomar medidas para no incentivar más la angustia. Limitemos nuestro acceso a las redes sociales, evitemos hablar constantemente sobre el tema y busquemos actividades que nos permitan relajarnos y distraernos.
Finalmente, hay que tener en cuenta otro fenómeno que puede ocurrir cuando sentimos un miedo muy intenso: la sobrecompensación. Esto se manifiesta como una actitud de excesiva valentía, donde comenzamos a creer que “no pasa nada” y que podemos actuar como si la situación no fuera peligrosa. Esta negación puede ponernos en situaciones de mayor riesgo. Recuerda, cuidar de tu salud mental es igual de importante que cuidar de tu seguridad física. Ante todo, no minimices tus emociones y busca el equilibrio necesario para afrontar estos momentos tan difíciles.

Lo sabes: te duele, te desgasta, te cambia. Pero cuando está “bien”… te vuelves a enganchar. Y vuelves. Y vuelves.

Hay una parte de ti que sabe que ya no era ahí… pero bloqueas y tu mente empieza: “nomás voy a ver si ya subió algo”....

Muchas personas viven con una sensación constante de insuficiencia. No importa cuánto hagan, siempre parece poco.

Muchas personas viven esperando sentirse listas para empezar: con ganas, con energía, con ánimo. El problema es que ese momento casi nunca llega.

Después de darte cuenta de que no eres débil, suele aparecer otra pregunta: “Entonces, ¿por qué sigo sin avanzar?”

Muchas personas viven atrapadas en un ciclo que se repite una y otra vez. Se proponen algo importante, algo que de verdad desean para su vida,...

María llegó a fin de año con una sensación difícil de explicar. No estaba en crisis, pero tampoco estaba bien.

Como muchas personas, María llegaba a Año Nuevo prometiéndose cambiar. Y como muchas, semanas después todo seguía igual.

María siempre había sido la persona comprensiva de su familia. La que escucha, la que cede, la que se adapta.
¡No se pierda nuestras futuras actualizaciones! Suscríbase hoy mismo
© Derechos reservado tu clínica mental
Las emociones tienen una función primordial: nuestra supervivencia. En momentos como el que estamos viviendo en Culiacán, Sinaloa, donde la violencia y la muerte parecen omnipresentes, nuestro cuerpo emocional reacciona con miedo. Este miedo surge ante la incertidumbre y la sensación de peligro, activando nuestro sistema de alerta. Es normal sentir miedo, ya que su función es protegernos, pero, ¿cómo podemos manejarlo sin dejarnos abrumar por él?
Lo primero que debemos hacer es entender que el miedo no es nuestro enemigo; al contrario, está ahí para ayudarnos a tomar decisiones conscientes y prudentes. En situaciones de violencia, lo más sabio que podemos hacer es seguir las recomendaciones de las autoridades: quedarnos en casa y evitar salir hasta que fuentes confiables nos aseguren que es seguro hacerlo. Esta es la mejor manera de salvaguardar nuestra vida y la de nuestros seres queridos.
Sin embargo, una de las grandes dificultades a las que nos enfrentamos emocionalmente en estos tiempos es la necesidad de hacer algo para sentirnos mejor. El miedo nos impulsa a buscar respuestas y certezas, pero lo que suele suceder es que terminamos revisando sin cesar redes sociales y grupos de WhatsApp, lo cual solo agrava nuestra ansiedad. Este ciclo de estímulos negativos contrarresta lo que el miedo realmente nos está pidiendo: tomar acción para sentirnos seguros.
Cuando nos dejamos llevar por la sobreexposición a noticias violentas y videos alarmantes, entramos en lo que se llama “visión de túnel”. En este estado, nuestra atención se fija únicamente en aquello que alimenta nuestro miedo, y comenzamos a ver peligro en todas partes. Por ejemplo, al salir a la calle, cualquier vehículo que se asemeje a los que hemos visto en los videos, o incluso personas con características comunes como una gorra negra, puede hacernos sentir sobreactivados, desencadenando más angustia.
Por eso, una de las medidas más efectivas para calmar nuestra mente es reducir la exposición a noticias y videos que no aporten información útil. Solo debemos consultar fuentes confiables cuando sea absolutamente necesario, como para saber por dónde es seguro transitar. Además, es importante proteger a nuestros niños de estas imágenes, ya que, si para nosotros es difícil procesarlas, para ellos lo es aún más. Recordemos que los más pequeños son especialmente vulnerables a los efectos de la violencia.
Manejar esta situación emocionalmente está en nuestras manos. Cada uno de nosotros puede tomar medidas para no incentivar más la angustia. Limitemos nuestro acceso a las redes sociales, evitemos hablar constantemente sobre el tema y busquemos actividades que nos permitan relajarnos y distraernos.
Finalmente, hay que tener en cuenta otro fenómeno que puede ocurrir cuando sentimos un miedo muy intenso: la sobrecompensación. Esto se manifiesta como una actitud de excesiva valentía, donde comenzamos a creer que “no pasa nada” y que podemos actuar como si la situación no fuera peligrosa. Esta negación puede ponernos en situaciones de mayor riesgo. Recuerda, cuidar de tu salud mental es igual de importante que cuidar de tu seguridad física. Ante todo, no minimices tus emociones y busca el equilibrio necesario para afrontar estos momentos tan difíciles.

Lo sabes: te duele, te desgasta, te cambia. Pero cuando está “bien”… te vuelves a enganchar. Y vuelves. Y vuelves.

Hay una parte de ti que sabe que ya no era ahí… pero bloqueas y tu mente empieza: “nomás voy a ver si ya subió algo”....

Muchas personas viven con una sensación constante de insuficiencia. No importa cuánto hagan, siempre parece poco.

Muchas personas viven esperando sentirse listas para empezar: con ganas, con energía, con ánimo. El problema es que ese momento casi nunca llega.

Después de darte cuenta de que no eres débil, suele aparecer otra pregunta: “Entonces, ¿por qué sigo sin avanzar?”

Muchas personas viven atrapadas en un ciclo que se repite una y otra vez. Se proponen algo importante, algo que de verdad desean para su vida,...

María llegó a fin de año con una sensación difícil de explicar. No estaba en crisis, pero tampoco estaba bien.

Como muchas personas, María llegaba a Año Nuevo prometiéndose cambiar. Y como muchas, semanas después todo seguía igual.

María siempre había sido la persona comprensiva de su familia. La que escucha, la que cede, la que se adapta.
¡No se pierda nuestras futuras actualizaciones! Suscríbase hoy mismo
© Derechos reservado tu clínica mental