
Cuando le hablamos de autocompasión a alguien por primera vez, la reacción más común es esta: "Eso suena a consentirse demasiado." Y es completamente entendible. Durante...
En muchas familias hay una persona “comprensiva”. La que entiende, la que no se lo toma “tan a pecho”, la que sabe “llevar bien las cosas”. Tal vez tú has sido esa persona.
Eso le pasaba a María. Ser “comprensiva” sonaba bonito, hasta que empezó a darse cuenta de lo que quería decir en la práctica: escuchar comentarios que duelen, no responder para no incomodar, quedarse ahí, aunque por dentro ya no pueda más.
En una cena navideña, llegó el comentario de siempre. Ese que ya conoces porque, en tu caso, también tiene cara, tono y palabras muy concretas. María sintió lo de siempre: encogerse por dentro, tragarse la respuesta, sonreír para que todo siguiera “en paz”.
Solo que esta vez hizo algo distinto. No gritó. No explicó. No justificó nada. Se levantó de la mesa y se fue a la cocina.
La escena fue mínima, pero por dentro fue enorme. Tal vez has sentido algo parecido: el cuerpo temblando un poco, la culpa susurrando “estás exagerando”, “estás quedando mal”, “no deberías hacer esto justo hoy”.
Y sin embargo, pasó esto: nadie la persiguió, nadie la señaló, la cena siguió.
En esa aparente normalidad, María vio algo que puede ser incómodo aceptar: cada vez que se quedaba aguantando, entrenaba a los demás a tratarla así. Lo que no se limita, se normaliza. Lo que se sostiene en silencio, se repite.
Poner límites, al menos en su caso, no fue montar una batalla navideña. Fue dejar de participar en una dinámica que le hacía daño, aunque desde fuera pareciera “solo” ir a la cocina. Tal vez tus límites también empiecen así: con un movimiento pequeño, incómodo y silencioso, que cambie primero la relación contigo, aunque los demás tarden en notarlo.

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Hay una voz dentro de tu cabeza que probablemente conoces muy bien. Es la que dice "qué torpe eres" cuando se te cae algo. La que...

Bad Bunny se subió al escenario más grande: el Super Bowl. Latino, español, identidad completa. Y sabiendo lo obvio: lo iban a criticar.

No hubo pleito. No hubo drama. Solo pasó algo peor: se fue apagando… y nadie dijo nada. Y un día te cae el veinte: ya no...

Lo sabes: te duele, te desgasta, te cambia. Pero cuando está “bien”… te vuelves a enganchar. Y vuelves. Y vuelves.

Hay una parte de ti que sabe que ya no era ahí… pero bloqueas y tu mente empieza: “nomás voy a ver si ya subió algo”....

Muchas personas viven con una sensación constante de insuficiencia. No importa cuánto hagan, siempre parece poco.

Muchas personas viven esperando sentirse listas para empezar: con ganas, con energía, con ánimo. El problema es que ese momento casi nunca llega.

Después de darte cuenta de que no eres débil, suele aparecer otra pregunta: “Entonces, ¿por qué sigo sin avanzar?”
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© Derechos reservado tu clínica mental
En muchas familias hay una persona “comprensiva”. La que entiende, la que no se lo toma “tan a pecho”, la que sabe “llevar bien las cosas”. Tal vez tú has sido esa persona.
Eso le pasaba a María. Ser “comprensiva” sonaba bonito, hasta que empezó a darse cuenta de lo que quería decir en la práctica: escuchar comentarios que duelen, no responder para no incomodar, quedarse ahí, aunque por dentro ya no pueda más.
En una cena navideña, llegó el comentario de siempre. Ese que ya conoces porque, en tu caso, también tiene cara, tono y palabras muy concretas. María sintió lo de siempre: encogerse por dentro, tragarse la respuesta, sonreír para que todo siguiera “en paz”.
Solo que esta vez hizo algo distinto. No gritó. No explicó. No justificó nada. Se levantó de la mesa y se fue a la cocina.
La escena fue mínima, pero por dentro fue enorme. Tal vez has sentido algo parecido: el cuerpo temblando un poco, la culpa susurrando “estás exagerando”, “estás quedando mal”, “no deberías hacer esto justo hoy”.
Y sin embargo, pasó esto: nadie la persiguió, nadie la señaló, la cena siguió.
En esa aparente normalidad, María vio algo que puede ser incómodo aceptar: cada vez que se quedaba aguantando, entrenaba a los demás a tratarla así. Lo que no se limita, se normaliza. Lo que se sostiene en silencio, se repite.
Poner límites, al menos en su caso, no fue montar una batalla navideña. Fue dejar de participar en una dinámica que le hacía daño, aunque desde fuera pareciera “solo” ir a la cocina. Tal vez tus límites también empiecen así: con un movimiento pequeño, incómodo y silencioso, que cambie primero la relación contigo, aunque los demás tarden en notarlo.

Cuando le hablamos de autocompasión a alguien por primera vez, la reacción más común es esta: "Eso suena a consentirse demasiado." Y es completamente entendible. Durante...

Hay una voz dentro de tu cabeza que probablemente conoces muy bien. Es la que dice "qué torpe eres" cuando se te cae algo. La que...

Bad Bunny se subió al escenario más grande: el Super Bowl. Latino, español, identidad completa. Y sabiendo lo obvio: lo iban a criticar.

No hubo pleito. No hubo drama. Solo pasó algo peor: se fue apagando… y nadie dijo nada. Y un día te cae el veinte: ya no...

Lo sabes: te duele, te desgasta, te cambia. Pero cuando está “bien”… te vuelves a enganchar. Y vuelves. Y vuelves.

Hay una parte de ti que sabe que ya no era ahí… pero bloqueas y tu mente empieza: “nomás voy a ver si ya subió algo”....

Muchas personas viven con una sensación constante de insuficiencia. No importa cuánto hagan, siempre parece poco.

Muchas personas viven esperando sentirse listas para empezar: con ganas, con energía, con ánimo. El problema es que ese momento casi nunca llega.

Después de darte cuenta de que no eres débil, suele aparecer otra pregunta: “Entonces, ¿por qué sigo sin avanzar?”
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