
Cuando le hablamos de autocompasión a alguien por primera vez, la reacción más común es esta: "Eso suena a consentirse demasiado." Y es completamente entendible. Durante...
Imagina que tus emociones son como colores en un cuadro. Algunas personas sienten que deben usar solo los colores “fuertes” como el rojo y el azul, porque la sociedad nos ha enseñado que ser fuerte es lo más importante. Es como si nos dijeran que solo está bien mostrar esos colores, y que los colores más suaves, como el rosa o el amarillo, son para los débiles. Por eso, a veces, es difícil hablar de cómo nos sentimos realmente, porque nos da miedo que otros piensen que no somos lo suficientemente fuertes.
Cuando no hablamos de nuestras emociones, es como si guardáramos todos esos colores en un cajón, sin dejarlos salir. Con el tiempo, este cajón se llena tanto que empieza a causar problemas. Por ejemplo, si no decimos que estamos tristes, esa tristeza puede crecer y afectar nuestras relaciones con los demás, haciéndonos sentir solos o incomprendidos. Además, nuestra salud también puede sufrir, porque nuestras emociones son parte de lo que somos, y necesitan ser expresadas.
Desde la terapia de esquemas, entendemos que a veces hemos aprendido desde pequeños que mostrar emociones no está bien, porque tal vez nos hicieron sentir mal por ello o porque creímos que sería peligroso. Es como si lleváramos un escudo para protegernos, pero ese escudo también nos impide conectar realmente con los demás y con nosotros mismos.
Para superar esta barrera, es importante empezar a abrir ese cajón y dejar salir los colores. Hablar de nuestras emociones no es una señal de debilidad; al contrario, es un acto de valentía. Una buena manera de empezar es creando un ambiente donde todos se sientan seguros para hablar de lo que sienten. Esto puede ser con amigos, en familia o incluso con un terapeuta. Poco a poco, nos daremos cuenta de que, al compartir nuestras emociones, no solo nos sentimos mejor, sino que también fortalecemos nuestras relaciones y nuestra salud mental.
Recuerda, todos los colores son importantes en el cuadro de nuestra vida, y hablar de ellos es lo que hace que esa pintura sea completa y hermosa.

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Hay una voz dentro de tu cabeza que probablemente conoces muy bien. Es la que dice "qué torpe eres" cuando se te cae algo. La que...

Bad Bunny se subió al escenario más grande: el Super Bowl. Latino, español, identidad completa. Y sabiendo lo obvio: lo iban a criticar.

No hubo pleito. No hubo drama. Solo pasó algo peor: se fue apagando… y nadie dijo nada. Y un día te cae el veinte: ya no...

Lo sabes: te duele, te desgasta, te cambia. Pero cuando está “bien”… te vuelves a enganchar. Y vuelves. Y vuelves.

Hay una parte de ti que sabe que ya no era ahí… pero bloqueas y tu mente empieza: “nomás voy a ver si ya subió algo”....

Muchas personas viven con una sensación constante de insuficiencia. No importa cuánto hagan, siempre parece poco.

Muchas personas viven esperando sentirse listas para empezar: con ganas, con energía, con ánimo. El problema es que ese momento casi nunca llega.

Después de darte cuenta de que no eres débil, suele aparecer otra pregunta: “Entonces, ¿por qué sigo sin avanzar?”
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© Derechos reservado tu clínica mental
Imagina que tus emociones son como colores en un cuadro. Algunas personas sienten que deben usar solo los colores “fuertes” como el rojo y el azul, porque la sociedad nos ha enseñado que ser fuerte es lo más importante. Es como si nos dijeran que solo está bien mostrar esos colores, y que los colores más suaves, como el rosa o el amarillo, son para los débiles. Por eso, a veces, es difícil hablar de cómo nos sentimos realmente, porque nos da miedo que otros piensen que no somos lo suficientemente fuertes.
Cuando no hablamos de nuestras emociones, es como si guardáramos todos esos colores en un cajón, sin dejarlos salir. Con el tiempo, este cajón se llena tanto que empieza a causar problemas. Por ejemplo, si no decimos que estamos tristes, esa tristeza puede crecer y afectar nuestras relaciones con los demás, haciéndonos sentir solos o incomprendidos. Además, nuestra salud también puede sufrir, porque nuestras emociones son parte de lo que somos, y necesitan ser expresadas.
Desde la terapia de esquemas, entendemos que a veces hemos aprendido desde pequeños que mostrar emociones no está bien, porque tal vez nos hicieron sentir mal por ello o porque creímos que sería peligroso. Es como si lleváramos un escudo para protegernos, pero ese escudo también nos impide conectar realmente con los demás y con nosotros mismos.
Para superar esta barrera, es importante empezar a abrir ese cajón y dejar salir los colores. Hablar de nuestras emociones no es una señal de debilidad; al contrario, es un acto de valentía. Una buena manera de empezar es creando un ambiente donde todos se sientan seguros para hablar de lo que sienten. Esto puede ser con amigos, en familia o incluso con un terapeuta. Poco a poco, nos daremos cuenta de que, al compartir nuestras emociones, no solo nos sentimos mejor, sino que también fortalecemos nuestras relaciones y nuestra salud mental.
Recuerda, todos los colores son importantes en el cuadro de nuestra vida, y hablar de ellos es lo que hace que esa pintura sea completa y hermosa.

Cuando le hablamos de autocompasión a alguien por primera vez, la reacción más común es esta: "Eso suena a consentirse demasiado." Y es completamente entendible. Durante...

Hay una voz dentro de tu cabeza que probablemente conoces muy bien. Es la que dice "qué torpe eres" cuando se te cae algo. La que...

Bad Bunny se subió al escenario más grande: el Super Bowl. Latino, español, identidad completa. Y sabiendo lo obvio: lo iban a criticar.

No hubo pleito. No hubo drama. Solo pasó algo peor: se fue apagando… y nadie dijo nada. Y un día te cae el veinte: ya no...

Lo sabes: te duele, te desgasta, te cambia. Pero cuando está “bien”… te vuelves a enganchar. Y vuelves. Y vuelves.

Hay una parte de ti que sabe que ya no era ahí… pero bloqueas y tu mente empieza: “nomás voy a ver si ya subió algo”....

Muchas personas viven con una sensación constante de insuficiencia. No importa cuánto hagan, siempre parece poco.

Muchas personas viven esperando sentirse listas para empezar: con ganas, con energía, con ánimo. El problema es que ese momento casi nunca llega.

Después de darte cuenta de que no eres débil, suele aparecer otra pregunta: “Entonces, ¿por qué sigo sin avanzar?”
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