
Cuando le hablamos de autocompasión a alguien por primera vez, la reacción más común es esta: "Eso suena a consentirse demasiado." Y es completamente entendible. Durante...
Lo sabes: te duele, te desgasta, te cambia. Pero cuando está “bien”… te vuelves a enganchar. Y vuelves. Y vuelves.
La idea incómoda: a veces no te amarra el amor; te amarra el “cuando sí”. Ese momento bueno, raro, inesperado, que tu mente usa como prueba de que “todavía se puede”.
El anzuelo suele ser este: te lastima o te ignora, tú intentas arreglarlo, de pronto se porta bien, y tu mente dice “¿ves? sí se puede”. Y como ese premio llega a ratos, el cuerpo se engancha más y tolera cosas que antes no toleraba.
Señales claras de enganche: vives más en ansiedad que en paz, justificas cosas que antes serían inaceptables, te haces chiquito para evitar conflictos, piensas más en “arreglarlo” que en vivir.
Acción mínima hoy: escribe siete costos reales de quedarte (hechos concretos, no ideas). Elige un límite no negociable esta semana (respeto, gritos, insultos, mentiras). Y dile la verdad completa a una persona de confianza para que no te quedes solo cuando aparezca el “cuando sí”.
Lo difícil no es irte de la persona; es irte del “cuando sí”.

Cuando le hablamos de autocompasión a alguien por primera vez, la reacción más común es esta: "Eso suena a consentirse demasiado." Y es completamente entendible. Durante...

Hay una voz dentro de tu cabeza que probablemente conoces muy bien. Es la que dice "qué torpe eres" cuando se te cae algo. La que...

Bad Bunny se subió al escenario más grande: el Super Bowl. Latino, español, identidad completa. Y sabiendo lo obvio: lo iban a criticar.

No hubo pleito. No hubo drama. Solo pasó algo peor: se fue apagando… y nadie dijo nada. Y un día te cae el veinte: ya no...

Lo sabes: te duele, te desgasta, te cambia. Pero cuando está “bien”… te vuelves a enganchar. Y vuelves. Y vuelves.

Hay una parte de ti que sabe que ya no era ahí… pero bloqueas y tu mente empieza: “nomás voy a ver si ya subió algo”....

Muchas personas viven con una sensación constante de insuficiencia. No importa cuánto hagan, siempre parece poco.

Muchas personas viven esperando sentirse listas para empezar: con ganas, con energía, con ánimo. El problema es que ese momento casi nunca llega.

Después de darte cuenta de que no eres débil, suele aparecer otra pregunta: “Entonces, ¿por qué sigo sin avanzar?”
¡No se pierda nuestras futuras actualizaciones! Suscríbase hoy mismo
© Derechos reservado tu clínica mental
Lo sabes: te duele, te desgasta, te cambia. Pero cuando está “bien”… te vuelves a enganchar. Y vuelves. Y vuelves.
La idea incómoda: a veces no te amarra el amor; te amarra el “cuando sí”. Ese momento bueno, raro, inesperado, que tu mente usa como prueba de que “todavía se puede”.
El anzuelo suele ser este: te lastima o te ignora, tú intentas arreglarlo, de pronto se porta bien, y tu mente dice “¿ves? sí se puede”. Y como ese premio llega a ratos, el cuerpo se engancha más y tolera cosas que antes no toleraba.
Señales claras de enganche: vives más en ansiedad que en paz, justificas cosas que antes serían inaceptables, te haces chiquito para evitar conflictos, piensas más en “arreglarlo” que en vivir.
Acción mínima hoy: escribe siete costos reales de quedarte (hechos concretos, no ideas). Elige un límite no negociable esta semana (respeto, gritos, insultos, mentiras). Y dile la verdad completa a una persona de confianza para que no te quedes solo cuando aparezca el “cuando sí”.
Lo difícil no es irte de la persona; es irte del “cuando sí”.

Cuando le hablamos de autocompasión a alguien por primera vez, la reacción más común es esta: "Eso suena a consentirse demasiado." Y es completamente entendible. Durante...

Hay una voz dentro de tu cabeza que probablemente conoces muy bien. Es la que dice "qué torpe eres" cuando se te cae algo. La que...

Bad Bunny se subió al escenario más grande: el Super Bowl. Latino, español, identidad completa. Y sabiendo lo obvio: lo iban a criticar.

No hubo pleito. No hubo drama. Solo pasó algo peor: se fue apagando… y nadie dijo nada. Y un día te cae el veinte: ya no...

Lo sabes: te duele, te desgasta, te cambia. Pero cuando está “bien”… te vuelves a enganchar. Y vuelves. Y vuelves.

Hay una parte de ti que sabe que ya no era ahí… pero bloqueas y tu mente empieza: “nomás voy a ver si ya subió algo”....

Muchas personas viven con una sensación constante de insuficiencia. No importa cuánto hagan, siempre parece poco.

Muchas personas viven esperando sentirse listas para empezar: con ganas, con energía, con ánimo. El problema es que ese momento casi nunca llega.

Después de darte cuenta de que no eres débil, suele aparecer otra pregunta: “Entonces, ¿por qué sigo sin avanzar?”
¡No se pierda nuestras futuras actualizaciones! Suscríbase hoy mismo
© Derechos reservado tu clínica mental