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Cuando "la cagaste" es solo la verdad
Cometer un error. Esa frase tan común, tan humana, que a menudo carga un peso desproporcionado en nuestra mente. En Clínica Mental sabemos que, para muchos, y quizás para ti también, la idea de “haberla cagado” puede sentirse como el fin del mundo, una sentencia sobre tu valor o tu capacidad. Pero, ¿y si te dijéramos que esa sensación abrumadora viene de una capa de interpretaciones que tú mismo le agregas?
Cuando alguien viene a consulta y nos pregunta, preocupado, “¿Pero qué pasa si cometí un error?”, nuestra respuesta, sin rodeos, es directa: “Pues que la cagaste.”
La reacción suele ser de sorpresa, incluso de un ligero rechazo. “¿Pero por qué me dicen eso así? Suena muy feo.” Y ahí es donde tenemos que detenernos y mirar de cerca. No es “feo”. Simplemente es lo que es: un hecho. Cometiste una acción que tuvo un resultado no deseado, o hiciste algo incorrecto. La cagaste. Punto.
La verdadera incomodidad no proviene de la palabra en sí, ni del hecho objetivo. Viene de todo lo que tu mente, en fracciones de segundo, le suma a esa simple realidad. Cuando te pedimos que asocies qué significa para ti “la cagaste”, las respuestas suelen ser devastadoras: “Que no sirvo para nada… que me van a criticar… que fracasé en la vida.”
¡Ahí está el meollo del asunto! No estás reaccionando al error en sí. Estás reaccionando a la avalancha de juicios, miedos y conclusiones catastróficas que tu propia cabeza ha añadido. Ese es el verdadero “feo”, la carga que te impide ver la situación con claridad y avanzar. Todo lo demás son cuentos, dramas y películas de terror que se proyectan en tu cabeza. Son miedos, inseguridades y viejas heridas que se activan, convirtiendo un simple tropiezo en una catástrofe personal.
La realidad es simple. Sencilla. Cruelmente honesta. La cagaste. Y, como equipo de psicólogos, te decimos que también puedes aprender de eso. Puedes hacer los ajustes necesarios, enmendar si es posible, pedir disculpas si aplica, y lo más importante: puedes seguir adelante.
No te ahogues en el océano de tus propias interpretaciones y autocríticas. Permítete aceptar la simple verdad del error, sin los aderezos del auto-flagelo. Solo así podrás desatar el poder de aprender, crecer y, fundamentalmente, seguir adelante con tu vida.
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